Literatura y vinos: Sergi Pàmies en Alella

El pasado jueves las Bodegas Alta Alella organizaron una velada de vinos y literatura para presentar el último libro del autor Sergi Pàmies (París, 1960), “Cançons d’amor i de pluja” (“Canciones de amor y de lluvia” – Quaderns Crema). El acto, presentado por la periodista Montse Serra e introducido por el co-propietario de la bodega, Josep Mª Pujol Busquets, contó con la presencia de Pàmies y fue un auténtico maridaje entre los vinos de Alella y el realismo costumbrista de este autor. Según Busquets, veladas como la del jueves, enmarcada en el ciclo “Literatura amb els cinc sentits”, evocan los simposium, donde los griegos se reunían, bebían vino y discutían animadamente sobre sus preocupaciones. “El propósito es poder hablar del vino de una forma desacomplejada, como Sergi Pàmies habla de fútbol en sus artículos”, comenta Busquets. En este sentido, Sergi Pàmies criticó la nueva retórica que se ha creado alrededor de los vinos y reivindicó un lenguaje más cercano y menos pedante que, en vez de acomplejar a los posibles consumidores, los ayude a comprender la esencia de cada vino. Para Pàmies, el vino acaba siendo como la literatura, pierde su sentido si se concibe o se presenta sin tener en cuenta que tiene que ser consumida.

Alta Alella Laietà Rosé sobre el último libro de cuentos de Sergi Pàmies

Alta Alella Laietà Rosé sobre el último libro de cuentos de Sergi Pàmies

En el acto se sirvieron un cava rosado (Laietà Rosé) y el archiconocido vino dulce de Alta Alella (Dolç Mataró), a medida que Pàmies, ayudado por un aforo conocedor de su literatura, fue desgranando sus historias personales, ligadas a un muy autobiográfico libro de relatos breves.
El formato del cuento es un género en el que, sin duda, Pàmies se siente muy cómodo, porque le permite exponer una idea o un recuerdo y, al instante, generar una sensación o una duda en el lector. Para Pàmies, el cuento es “un trabajo atlético, como una carrera de los 100 metros lisos, donde no hay tiempo ni lugar para titubeos, a diferencia de una novela, donde uno se puede permitir los altibajos. En el cuento lo prioritario es llegar cuanto antes al objetivo”, dice el autor. Por la brevedad del relato y por su estructura a veces poco narrativa, Pàmies equipara estas piezas con canciones, de amor por lo que le evocan los temas que trata (familia y recuerdos personales). También hace un guiño a la idea del teatro romántico por la que cualquier escena de enamoramiento sucedía bajo la lluvia.
Preguntado por los temas que escoge para vertebrar sus relatos, él responde que, como dice Serrat, “coge lo que uno encuentra por la calle”, refiriéndose a que rehuye de los argumentos universales y se nutre de anécdotas, juegos de palabras o de recuerdos de su juventud.
Precisamente, Sergi Pàmies acude a esta cita en Alta Alella en plena madurez literaria y personal, que le sobrevino a los 40, cuando empezó a “recibir a diario en su casa contenedores cargados de responsabilidad”, dice, después de una etapa de obras más frívolas y menos introspectivas. Coincidiendo con la reciente muerte de su padre y, más tarde, la de su madre, ha ido rindiendo cuentas con el legado familiar, por más que a priori quisiera seguir una senda alejada de la huella política de apellidos como López Raimundo o Pàmies (padre y madre respectivamente). Con esta nueva etapa literaria, Pàmies explica que “ha aprendido a aplicar el principio de naturalidad en el lenguaje, ha ido perdiendo maquillaje y prejuicios a medida que ha ido ganando oficio”.
“Cançons d’amor i de pluja” consta de 26 cuentos en los que Pàmies, muy al estilo de sus obras recientes, expone un mosaico de reflexiones personales sobre la familia, sus recuerdos y otras historias. La muerte de su madre, la escritoria Teresa Pàmies, centra la atención de alguno de los relatos, como “Fu Manxú (segundo cuento de “Dos cotxes mal aparcats”). En este relato autobiográfico recupera con algunas variaciones una anécdota de la Guerra Civil en Barcelona que su madre incluyó en “Quan érem capitans” (2000, Edicions Proa) y describe, posteriormente, el ocaso de un personaje “público y dominante”, su madre, que “hacía punto de media como quien respiraba, mientras hablaba de política, de Mourinho o del Oro de Moscú”.

Sergi Pàmies, entre vinos y anécdotas personales

Sergi Pàmies, entre vinos y anécdotas personales

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Croquetas tintas de calamar

El siglo XXI ha supuesto una nueva era para la gastronomía. La tecnología y la experimentación han convertido la cocina en un arte. En este posmodernismo culinario, también hemos asistido a la reinvención de los clásicos: uno de ellos, las croquetas, que oficialmente han dejado de ser una forma de reciclar las sobras de la nevera. Hoy en día, han proliferado mil y una variantes de la croqueta original de cocido, jamón o pollo, hasta el punto de poder probar croquetas de espinacas, calabaza, pescado e incluso de cus cus. Nos apuntamos a la moda del tuneo de la croqueta con el plato que hoy presentamos: croquetas de calamar en su tinta. El sabor del calamar marida perfectamente con la cebolla y la tinta y, además, queda bien emulsionado con la bechamel de la masa.

croquetas de calamar en su tinta

croquetas de calamar en su tinta

INGREDIENTES (para 4 comensales)
1 cebolla mediana
2 ajos
500 grs. de calamar
tinta de calamar o sepia
50 grs. de mantequilla
750 ml. de leche
100 ml. de crema de leche
nuez moscada molida
sal y pimienta blanca

PREPARACIÓN
Salteamos los calamares ya limpios y troceados a dados en una cazuela con un poco de aceite. Dejamos que se tuesten un poco. Retiramos.
Picamos la cebolla y los ajos. Los añadimos, junto con un chorro de aceite, en la misma cazuela donde hemos cocido los calamares, aprovechando el jugo que han soltado. Pochamos durante 25 minutos a fuego medio.
Añadimos la mantequilla. Posteriormente, echamos la harina y removemos. Vamos añadiendo la leche (que previamente hemos calentado a fuego medio en otra cazuela) y mezclando para conseguir la bechamel. Finalmente, también, incluimos la crema de leche.
Añadimos los calamares y la bolsita de la tinta (la podemos poner entera). Vamos removiendo, procurando deshacer la bolsa de tinta, a medida que la masa va ennegreciendo. Salpimentamos al gusto (sal, pimienta blanca y nuez moscada).
Cuando la masa esté templada, la pasamos por el túrmix. Este paso lo haremos porque, con la textura del calamar, no es recomendable dejar los trozos enteros (al contrario que la del pollo o el jamón, que se desmenuzan mejor).
Dejamos reposar al menos 24 horas en la nevera, para que la masa se enfríe y gane textura.
Al día siguiente, ayudados con dos cucharas (o como mejor nos apañemos), damos forma a las croquetas. Rebozamos con huevo batido y pan rallado. Freímos con el aceite (de girasol o de oliva suave) bien caliente. Una vez cocidas, esperamos 10 minutos antes de servir.

MARIDAJE MUSICAL
Dinah Washington – “All of me”
Acompañamos nuestras croquetas modernuelas con una grabación impagable de Dinah Washington en el festival de Newport (Rhode Island), del 6 de julio de 1958. El grupo musical lo completan Terry Gibbs, Max Roach y Don Elliott. En este caso, versionan una canción de Gerald Marks i Seymour Simons, de 1931: All of me.

EL VINO…
Tierga 2010 (La Calandria)
Sigo obsesionado con las garnachas naturales, poco trabajadas pero muy auténticas, que proliferan últimamente en muchas DOs de la península. Si hace unos días dedicaba un post a un vino similar de Borsao, hoy volvemos a los confines de Aragón para encontrarnos con este vino que nos ofrece una garnacha pura y sincera, sedosa y elegante pero con una barrica justa. Perfecto para acompañar estas croquetas tintas.

 

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(Pintxo de) brandada de bacalao

El jueves es un día ideal para ensayar los éxitos (o prevenir los desastres) culinaros del fin de semana. Hoy probaremos una de las formas más simples de cocinar un producto tan versátil como es el bacalao: la brandada. Este “puré de bacalao” tiene su origen en la cocina catalano-occitana, como una probable evolución del allioli al que, en el siglo XVI, se le añadió el bacalao seco. La brandada ha pertenecido tradicionalmente a la cocina casera y familiar tradicional. En la época de la Revolución Francesa, esta receta llegó a París, donde los cocineros de moda la adoptaron como propia y le añadieron ingredientes para suavizar los sabores del mediterráneo y abaratar los costos.
La versión más contemporánea de la brandada se hace, además de bacalao y aceite de oliva, con patata y crema de leche, para suavizar el sabor y la textura hilosa del bacalao. En muchas ocasiones, cuando se presenta, se gratina con queso emmental. En esta ocasión, nos hemos apropiado de uno de los pintxos estrella de la Bodega Azor (Calella, Barcelona), a la que pronto dedicaremos una entrada. En este local, regentado por los entrañables Isabel y Joaquim, se encuentra una de las cartas de vinos más surtidas del Maresme. En su cocina se preparan tapas de primerísima, donde prima la buena materia y una combinación perfecta de sabores. No es extraño encontrarte un domingo por la noche a Carme Ruscalleda cenando unas tapas en la Azor, aprovechando que su reputado Sant Pau (Sant Pol de Mar) cierra por descanso del personal.

(Pintxo de) brandada de bacalao con pimiento asado, paté de aceitunas negras y dulce de membrillo

(Pintxo de) brandada de bacalao con pimiento asado, paté de aceitunas negras y dulce de membrillo

INGREDIENTES (para 4 comensales)
> Para preparar la brandada de bacalao:
500 grs. de bacalao desalado y sin espinas
dos patatas medianas
4 dientes de ajo
un vaso de aceite de oliva suave
100 ml de crema de leche
Sal y pimienta blanca
> Para montar el pintxo:
pan de nueces y pasas a rebanadas de un dedo de grosor
tiras de pimiento asado
dulce de membrillo
paté de aceitunas

PREPARACIÓN
Ponemos el bacalao en una cazuela con agua fría. Lo calentamos hasta que rompa a hervir. Apagamos el fuego y retiramos el bacalao. Reservamos medio vaso de este agua.
Por otro lado, pelamos los ajos y los ponemos en una cazuela con el aceite de oliva. Calentamos hasta 80º y controlamos que no pasemos de esta temperatura (es importante que no friamos los ajos). Cocemos durante una hora. Así conseguiremos “confitar” los ajos en este aceite. Desechamos finalmente los ajos y conservamos el aceite.
Hervimos las patatas peladas durante unos 25 minutos (hasta que estén tiernas).
Mezclamos en un bol el bacalao y el resto de agua de su cocción, las patatas, la mitad del aceite (el resto lo guardamos para otras recetas) de los ajos confitados, la crema de leche y sal y pimienta blanca al gusto. Trituramos suavemente, mezclando todos los ingredientes pero intentando no deshacer por completo la textura del bacalao.
En caso que queramos servir la brandada de bacalao como entrante, extender en platos o bandejas individuales, cubrir con queso emmental al gusto y gratinar durante 10 minutos.
Si optamos por el pintxo, tostamos suavemente la rebanada de pan de nueces con pasas. La cubrimos de brandada, Encima colocamos, en este orden, una tira de pimiento asado, un poco de paté de aceituna negra y un dado de dulce de membrillo. Horneamos durante 3 minutos para darle un golpe de calor.

MARIDAJE MUSICAL
Grover Washington Jr. & Bill Withers- “Just the two of us”
Una noche de pintxos en pareja puede ser una cita bien romántica con acompañamientos musicales como este. En 1981, el saxofonista y precursor del smooth jazz Grover Washington Jr. se sirvió de la voz de Bill Withers para escribir un pequeño pero perdurable capítulo del soul con esta canción, que ya cuenta con más de 15 versiones. Pero como la original, ninguna. Que os aproveche.

EL VINO…
Plácet Valtomellosos 2010 (Bodegas Palacios Remondo)
Esta sinfonía de sabores (bacalao, pimiento, aceituna negra y membrillo) sólo puede ir acompañada de un vino que no le haga sombra o que, en cualquier caso, ayude a armonizar todo el conjunto. Nuestra elección es este elegante blanco de Rioja, a base de Viura, que presenta un color amarillo pálido, con tintes verdosos. Sus aromas desprenden fruta blanca madura, pera y manzana, vainilla, galletas María, especias dulces y toques de miel. En boca se corresponde con la nariz, además de tener una buena acidez con un punto cítrico.

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Borsao Tres Picos 2011

Vino: Tres Picos 2011
Bodega: Borsao
D.O.: Campo de Borja
Variedad: Garnacha tinta
Graduación: 14,5% Vol.
Precio: 13,50€

Estrenamos la sección de vinos con la cata de una garnacha de la D.O. Campo de Borja, región autodenominada “el imperio de la garnacha”. Esta D.O. está situada al noroeste de la provincia de Zaragoza, entre las montañas del Sistema Ibérico y el Valle del Ebro. Emplazada en pleno Somontamo del Moncayo, se extiende por el Valle del río Huecha y los Llanos de Plasencia. El clima de la comarca es continental, con influencia atlántica invernal, afectada por el viento del noroeste, el Cierzo, frío y seco, y con influencia mediterránea en verano. Los contrastes térmicos, tanto durante el día como en el cambio de estación, son acusados. Los microclimas que se originan en la zona, sumados a los distintos tipos de suelos, dotan a la D.O. de una compleja variedad de garnachas.
Históricamente, esta variedad de uva ha sido despreciada, probablemente por la facilidad con la que se oxida el vino a medida que envejece y por el carácter tosco que la garnacha le confiere. Por otro lado, no permite hacer producciones masivas ya que la calidad del vino disminuye a medida que aumenta el rendimiento de la vid de garnacha. No obstante, hay que tener en cuenta que ha sido la base del renacimiento del Priorat como D.O.Q. y es una de las más valoradas en el sur del Ródano y en todo el Midi francés. Además, no olvidemos que es una auténtica casta vinícola española, puesto que tenemos la mayor superficie plantada de esta variedad en todo el mundo y es la variedad que aporta la carga de fruta roja en el 80% de los grandes vinos del mundo.
Una de las cosas buenas que ha traído el siglo XXI y la modernidad al mundo de la viticultura ha sido la reivindicación de la garnacha como la uva responsable de muchos buenos vinos tintos jóvenes y afrutados. Campo de Borja se erige como una de las D.O.s que abandera esta reivindicación (de hecho, la garnacha es originaria de la zona y se expandió por Europa a la par que el reino de Aragón).
Tres Picos es uno de los monovarietales que las bodegas Borsao producen en Campo de Borja. Los viñedos que producen este vino tienen de 35 a 60 años de edad y se encuentran a unos 600-700 metros de altitud, en la zona alta de la D.O., en las estribaciones del Moncayo, con suelos arcillo-calizos, pedregosos y limosos.
En su elaboración, la uva se ha macerado durante 20-25 días; fermentación del mosto en depósitos de acero inoxidable y crianza de 5 meses en barrica nueva de roble francés.

 

Borsao Tres Picos 2011, una buena garnacha aragonesa

Borsao Tres Picos 2011, una buena garnacha aragonesa

NOTA DE CATA
Vista: Color cereza picota intenso. La capa es densa pero conserva los tonos morados propios de un vino joven que recuerda a los frutos rojos (arándanos y moras).
Olor: En nariz, destacan los frutos rojos, especias (pimienta y vainilla) y torrefactos, con recuerdos de madera nueva.
Sabor: Entrada potente con acidez moderada. Vino estructurado, de cuerpo medio con cierta intensidad. Recuerda a la regaliz y a frutos rojos maduros. Taninos discretos, más bien dulces y jugosos. Cálido y con tostados persistentes en el paladar.

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Paté de berenjena (en francés, caviar d’aubergine)

El origen de esta receta se encuentra en el quatorzième de París, concretamente en La Cantine du Troquet, un bistrot típicamente parisino que visitamos cada vez que viajamos a la capital francesa. Este restaurante ofrece cocina de mercado en un ambiente abarrotado e informal. De su carta, destaca su pescado grillé sobre una salsa mixta de tomate triturado, aceitunas negras con aceite y perejil; o cualquier plato de temporada con setas, verduras o legumbres. En una de nuestras veladas en este restaurante, probamos el caviar d’aubergine y nos gustó tanto que cuando volvimos a casa no paramos de ensayar la receta hasta que dimos con lo más parecido a lo que sirven en la Cantine. El resultado es una mousse de berenjena y ajo asados con un punto especiado que se come fría con tostadas. Puede funcionar como aperitivo o entrante (en una comida con varios platos).

El paté de berenjena que planteamos es una evolución occidental de la popular preparación árabe llamada Baba Ganoush. Su punto de partida, las berenjenas asadas y luego trituradas, es el mismo. Lo que convierte el plato en un entrante más bien mediterráneo es el aliño posterior (a base de aceite de oliva, comino y otros aderezos) y que, en vez de servirlo en pan de pita como hacen los árabes, se acompaña de pan tostado.

El paté de berenjena, a imagen y semejanza del estupendo "caviar d'aubergine" de La Cantine du Troquet

El paté de berenjena, a imagen y semejanza del estupendo “caviar d’aubergine” de La Cantine du Troquet

INGREDIENTES (para 4 comensales)
2 o 3 berenjenas (¾ de kilo)
3 dientes de ajo
40 cl. de aceite de oliva
una cucharadita de comino molido
sal, aceite de oliva y pimienta blanca molida

Para acompañarlo:
60 grs. de tomate maduro (de pera, por ejemplo)
50 grs. de aceitunas negras

PREPARACIÓN
Preparamos las berenjenas y los ajos para asarlos al horno: partimos las berenjenas longitudinalmente y hacemos cortes en forma de cuadrícula en la carne. Rociamos las mitades con un poco de aceite de oliva y sal; preparamos tres ajos sin pelarlos.
Asamos durante 45 minutos las berenjenas a 200º y los últimos 20 minutos añadimos los ajos.
Mientras, cortamos a dados un tomate maduro que no tenga demasiadas pepitas, lo aliñamos con sal y aceite y, por otro lado, fileteamos las aceitunas negras en aros gruesos (tres o cuatro trozos por aceituna); reservamos ambos en la nevera.

Retiramos las berenjenas y los ajos asados del horno y dejamos reposar hasta que se enfríen.

Los pelamos y los ponemos en un bol hondo junto con el aceite, la cucharadita de comino, pimienta blanca y sal al gusto. Trituramos durante 5 minutos a potencia máxima hasta que obtengamos una crema fina y emulsionada (podemos añadir aceite de oliva a demanda para que tenga más consistencia).
Disponemos el paté de berenjena en una bandeja ancha y no muy alta. Dejamos reposar un par de horas en la nevera.

Para servir: sacamos el paté de la nevera media hora antes de comer. Añadimos, por encima, los dados de tomate y los aros de aceituna como queramos (mezclados o separados). En nuestro caso, dejamos incluso una capa de paté de berenjena sin aderezo por encima para que, quien quiera probarlo sin “añadidos”, pueda hacerlo sin problema.

MARIDAJE MUSICAL
Blossom Dearie – “Love is here to stay”
París evoca una infinidad de piezas musicales; creo que hay pocos artistas del jazz que no se hayan encandilado con la Ciudad de las Luces. Blossom Dearie vio florecer parte de su vida profesional y personal en París. Con su estilo difuminó la línea entre el jazz y cabaret, con aquella interpretación minimalista de estándares y temas propios. En este caso, versiona una composición de George i Ira Gershwin de 1938, escrita para la película The Goldwyn Follies. Blossom la versionó al cabo de 20 años con su estilo delicado.

EL VINO…
Pansa Blanca 2012 (Marqués de Alella)
Para devolver este plato a sus orígenes orientales, combinaremos el sabor de la berenjena y el ajo asados, especiados con comino, con este vino blanco fresco, herbáceo, que tiene un punto amargo al final. El Pansa Blanca de Marqués de Alella (DO Alella) es un vino hecho a base de xarel·lo, una uva típicamente catalana (una de la tres variedades que componen el cava) que da notas de fruta fresca y hierba. Su acidez recuerda especialmente a las manzanas verdes de Girona o a la piña. Por su generosa maduración, típica de su elaboración, el vino adquiere un cuerpo que lo aleja de otros blancos jóvenes, más efímeros. Esta estructura, que puede recordar a un vino con barrica, culmina con un ligero toque amargo final en el paladar. Podemos contrarestarlo con paté de berenjena, tomate maduro y aceitunas negras.

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Crema de calabaza con pesto de piñones y queso de cabra

El otoño nos brinda multitud de colores en la naturaleza y muchos buenos recursos de temporada para la cocina. La transición entre los gazpachos de verano y las sopas calientes de invierno se materializa con un sinfín de combinaciones donde los protagonistas son, entre otros, las setas, las castañas o la calabaza.

En esta ocasión, prepararemos este entrante a base de calabaza, perfecto para las veladas otoñales. En ocasiones lo hemos preparado añadiéndole a la calabaza algún compañero de crema como la pera o la naranja; así contrastamos el dulce potente de la calabaza y le damos un matiz que presta a adivinanzas dirigidas a los comensales. Las respuestas pueden ser sorprendentes. A raíz de una comida que preparé en casa para la familia, oficializando la llegada del otoño, encontré en internet una de las muchas recetas dedicadas a la crema de calabaza. Lo que me interesó fue la fresca incorporación del pesto, que me apasiona, y el punto contundente y más pesado del queso de cabra.

El resultado es francamente sorprendente. Con estos dos últimos añadidos, conseguimos sacar el plato de la clásica crema de calabaza y darle un punto más cremoso, por el queso, y rustido por el pesto y los piñones tostados.

INGREDIENTES (para 4 comensales)
500 grs. de calabaza
dos patatas medianas
una cebolla mediana
½ vaso de cognac o licor parecido
½ vaso de crema de leche
1 litro de agua
queso de cabra
albahaca fresca
queso parmesano rallado
piñones
sal, aceite de oliva y pimienta

PREPARACIÓN
Ponemos a calentar a fuego medio una cazuela con un poco de aceite de oliva. Cortamos la cebolla en juliana y la rehogamos en la cazuela hasta que esté transparente (unos diez minutos). Añadimos la calabaza y la patata peladas y cortadas a dados de tamaño mediano. Añadimos el cognac (o licor escogido), sal y pimienta (blanca) al gusto y dejamos cocer con la cebolla unos cinco minutos. Añadimos el litro de agua, que hemos llevado previamente a ebullición para no romper el ritmo de cocción de las verduras. Tapamos y dejamos cocer unos 20 minutos, hasta que la calabaza esté tierna. Retiramos del fuego y dejamos enfriar un poco.

Pasamos por el túrmix, con paciencia, hasta conseguir una crema homogénea. Al final, añadimos la crema de leche y nos ayudamos con la batidora para emulsionar toda la mezcla. Reservamos.

Para el tuneo posterior de la crema, primero tostamos los piñones. Por otro lado, mezclamos unas hojas de albahaca fresca con aceite de oliva, sal, un poco de queso parmesano rallado y lo trituramos (si ya no disponemos de albahaca puesto que la temporada se terminó, sírvanse de una salsa pesto -lo más ecológica que encontremos- sin piñones). Añadimos la salsa resultante a los piñones tostados.

Finalmente, cortamos unos dados de 1 centímetro de grosor de queso de cabra. Ya estamos listos para presentar el plato.

Cuando sea el momento de servir la crema de calabaza, volver a calentarla a fuego medio, mezclando con una cuchara de madera para evitar que se pegue. Cuando esté templada (o caliente, según la temperatura de servicio que prefiráis), servir en un cuenco o plato hondo, añadir unas gotas del pesto con piñones y, finalmente, colocar en el centro del plato 4 o 5 dados de queso de cabra.

Crema de calabaza con pesto de piñones y queso de cabra

Crema de calabaza con pesto de piñones y queso de cabra

MARIDAJE MUSICAL
Dianne Reeves & Russell Malone – “I’m in love again”

En otoño, los días se acortan y el jazz se va desnudando. Aprovechando que este fin de semana tuve el privilegio de ver, por cuarta vez, a Dianne Reeves en concierto, ilustraremos esta receta con su versión de “I’m in love again” de Cole Porter, acompañada por la guitarra de su inseparable Russell Malone.

EL VINO…
Gotes del Priorat 2012 (Portal del Priorat)

La calabaza, los piñones y el queso son sabores dominantes que armonizamos con un vino igualmente potente, por su DO de procedencia, pero con un carácter más suave y versátil que muchos de sus tocayos del Priorat. Gotes del Priorat se compone de uva garnacha y cariñena de viñedos plantados sobre pizarra de orientación norte/noroeste, azotados por el viento de Garbí a través del valle del río Siurana. Este vino, de color púrpura de intensidad media, ofrece notas de frutos rojos y negros con un final que recuerda a la nuez moscada y la regaliz. En boca, pese a tener el alma de un Priorat, logra ser fresco, y con taninos suaves.

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